Cada vez que le quito la piel a una mandarina me es inevitable pensar en lo buena que es la vida. Tal vez es porque el olor que se expande en el ambiente es uno de mis olores favoritos que además de flotar por el aire, se impregna en mis manos acompañándome por horas. ¡Lo mejor de todo es que no me canso de comer mandarinas!

Mandarina

Lo creáis o no, existen muchas de estas cosas sencillas, con las que convivimos a diario que son diseñadas a nuestra medida, por ejemplo: el sonido que hace una lata de gaseosa cuando la abrimos y el reventar de las burbujas en la superficie de nuestro vaso, el polvillo que hay sobre los chicles de tiras, el olor de un coche nuevo, etc. Como muchos de vosotros sabéis, parte de lo que hacemos en trnd es, junto a las marcas, encontrar y profundizar en algunas de estas cosas que nos gustan tanto y convierten un producto en una experiencia a valorar en el día a día.

Sólo para divertirnos: contadnos cuál es esa cosa sencilla que os encanta y que os aporta una experiencia sensorial. Si aún os falta inspiración, os recomiendo la película “Amélie” que trata de estas cosas sencillas.